El legado de los viejos jugadores

Desde que el mundo es mundo para los jugadores de videojuegos, hemos visto la evolución de estos, al igual que la de nosotros mismos. Nuestro mundo es el videojuego, muchos queremos que se considere arte (ese debate lo dejaré para otro día) y otros no lo consideran (una opinión muy respetable), pero en alguna ocasión, entre la vorágine de lanzamientos, evoluciones técnicas y artísticas, récords que se superan día a día y millones de personas que se suman a este hermoso e increíble mundo, nos tenemos que detener en el camino, disfrutar de todo lo que se ha andado, recordar los lugares por los que hemos pasado y dejado atrás y tomar conciencia de todo ello para mostrarlo a la nuevas generaciones. Ese camino que parece corto en comparación con el de otros/as, pero que en realidad es de una magnitud difícilmente igualable, siempre con la mirada puesta al frente, con esas nuevas generaciones de jugadores que traen novedosos puntos de vista y necesidades, artistas que se decantan por llevar su arte a este hermoso mundo. Con todo esto empujando inexorablemente a este mundo hacia cotas que ni nos imaginamos, aún así, tenemos que hacer esa parada en el camino y contemplar, recordar y hacer ver a las nuevas generaciones eso que nos hizo llegar hasta aquí, al ahora, al punto en el que los videojuegos son algo más que un pasatiempo o una actividad lúdica sin transcendencia alguna o que nos enriquezca cultural y emocionalmente. 

Esta parada hay que hacerla ahora, año 2018, a más de 60 años desde el comienzo de los videojuegos. 60 años de evolución condensada en títulos actuales como The Witcher 3, Fifa, Street fighter V, Dark souls, The last of us, God Of War, Halo 5, Forza 6, y tantos otros que nos han maravillado y que nos maravillarán en el futuro, y que han puesto en nuestras manos la posibilidad de ser un brujo, un astro del fútbol, un luchador de artes marciales, un guerrero místico, un soldado del futuro, un dios, un piloto de coches, pero sobre todo de sentir. Sentir la fuerza de la magia en un mundo donde las bestias mitológicas reinan y atemorizan a los humanos, sentir la adrenalina de marcar un gol decisivo, de derrotar con una combinación de golpes increíbles a un oponente, de la frustración de intentar acabar con un jefe final una y mil veces y no conseguirlo, de impedir que una raza alienígena conquiste nuestro planeta, de sentir la angustia de no saber si sobrevivirás en un mundo post apocalíptico un minuto más, de matar a dioses y convertirte en uno, de conducir a 350 Km/h y hacer un adelantamiento imposible. Todo esto y más es lo que han logrado los videojuegos. También nos enriquecimos culturalmente. Ahora podemos ver, disfrutar y aprender del antiguo Egipto como nunca antes lo habíamos podido hacer. Entender la historia de muchos otros pueblos, naciones y personajes históricos como jamas hubiéramos pensado. Todo este conjunto nos da como resultado lo que hoy en día son los videojuegos. Y por eso digo que hay que hacer una parada y disfrutar de todo esto, de sentir esa evolución y de recordarle a los “nuevos” todo lo que ha quedado atrás y el por qué hemos llegado hasta aquí. No con una actitud de superioridad, si no con la de un padre o una madre que enseña a su bebé a decir Papá o Mamá, con la dedicación de un docente que trabaja día a día para que un alumno/a aprenda a leer. Hay que saber entenderlos. Son como adolescentes que creen saberlo todo y que piensan que lo antiguo no es bueno porque es viejo. Ellos son la sabia nueva que nos traerá nuevas historias, avances e hitos increíbles, pero hay que educarlos. Educarlos para el respeto, para la integración, para el reconocimiento del trabajo ajeno y sobre todo para que mejoren este mundo nuestro llamado videojuego, que en definitiva está ligado totalmente con el mundo real. 

Hay varios frentes en los que hay que combatir, no retroceder ni un metro y avanzar con paso firme y constante. El primero es el de la educación cívica. Las guerras de plataformas o fanboyismo, el machismo, la xenofobia, todo esto hay que dejarlo atrás. Los que ya estamos aquí hace mucho tiempo tenemos que dejar este mensaje grabando a fuego para las nuevas generaciones. Nuestro mundo está cambiando por la sabia nueva que llega, pero hay que procurar que todo el camino que llevamos andado no se tenga que andar nuevamente. Es cierto que la gran mayoría de la nueva generación viene con el mensaje, pero hay una gran parte que no y ahí es donde tenemos que hacer fuerza, no bajar los brazos y ser como un martillo pilón día tras día, en redes sociales, en nuestra casa, con nuestros amigos, en el trabajo, en cualquier lugar, ese mensaje de igualdad, comprensión, fraternidad y solidaridad tiene que calar. No podemos flaquear en ningún momento. Con ese trabajo constante, seguro que conseguiremos que el mensaje traspase el mundo de los videojuegos y llegue al mundo real. 

Otro frente es el reconocimiento. Reconocimiento al trabajo de los desarrolladores, traductores y diseñadores. No podemos permitir que se menosprecie, infravalore y se denueste ese trabajo de proporciones a veces titánicas que hacen estos artistas. No dejemos que por la inexperiencia, desconocimiento o ignorancia de las nuevas generaciones se llegue a esto. Esa es nuestra labor, enseñar, mostrar e informar de ello para que se aprecie en su justa medida. Todos nos quejamos de fallos en los videojuegos, de errores a veces que rompen la experiencia, pero hay que pensar en la labor de estos artistas y hacer entender que hoy en día, con la evolución de los videojuegos, el nivel de profundidad y complejidad que tienen es enorme y que por lo tanto es más fácil cometer estos fallos. Hay que evitar a toda costa el linchamiento público, las campañas de asedio y difamación y sobre todo no dar espacio ni repercusión a lo que digan los nuevos gurús. Esa es otra de nuestras luchas. Esos gurús que se les llena la boca de podredumbre cuando hacen un vídeo criticando algo que no les gusta o que no comprenden. Esos que viven por y para las visitas, las polémicas. Esos que (parafraseando a un portero histórico en un día de furia) tienen un bidón de basura como corazón. Esa es la lacra de nuestra era. Ellos no representan a ninguna comunidad, no aman este mundo. En algún momento de su camino se desviaron y se fueron hacia la oscuridad de el re sentimiento y la negatividad.  Darle voz e importancia a esta gente se tiene que terminar, porque de no hacerlo, nuestro mundo, nuestro amado mundo, perecerá implacablemente mientras ellos se llenan de orgullo y dinero a costa de falacias y bilis regurgitada. 

Esta es nuestra labor. La de los “viejos” que no saben jugar Fortnite pero que entienden su repercusión. La de los que se nos ponen brillantes los ojos cuando vemos el anuncio del Resident Evil 2 Remake, la piel de gallina al escuchar las primeras notas de un charango interpretadas por Gustavo Santaolalla, o de sentir un escalofrío recorrer todo tu cuerpo al ver la imagen del Jefe Maestro. Esta es nuestra labor, esta es nuestra misión. No la dejemos sin terminar y consigamos que esta lucha sea nuestro mayor logro o trofeo. Este será el gran legado que dejaremos a las nuevas generaciones. Hagámoslo posible. 

Comments
  1. Sergio

    Enhorabuena por el artículo, Alejandro. Lo escuché en el pod y ahora, leído, lo he disfrutado el doble.

    1. Alejandro Blanco

      Muchas gracias Sergio. Me alegra que hayas disfrutado por partida doble. Saludos.

  2. Gabriel Castillo

    Apenas leo tu artículo y no puedo más que estar de acuerdo en el llamado que haces a las nuevas generaciones a la fraternidad, la tolerancia y el respeto en el medio.
    Pienso también qué es un asunto de educación y cultura; y aunque no generalizó, desde mi trinchera de Padre y jugador si soy testigo de la pérdida de valores que impera en los más jóvenes y, esto se traslada a todos los ámbitos.
    Me quedo con una frase de tu artículo que me caló profundo -“Somos los viejos que no saben jugar Fornite; pero entienden su impacto”-
    Felicidades por tu labor.

    1. Alejandro Blanco

      Muchísimas gracias Gabriel. Esa frase es muy importante, porque el no pertenecer a algo no significa que no se pueda saber su significado. Y en el rol de padres, los que lo somos, tenemos una labor importantísima en la formación de nuevas generaciones de juzgadores. Te mando un fuerte abrazo.

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