Journey to the Savage Planet – Análisis

El espacio es algo que siempre ha maravillado al ser humano. Tiene un magnetismo que nos lleva a querer explorar esa enormidad desconocida que se extiende sobre nuestras cabezas como un toldo lleno de puntitos luminosos, un cuando hay cosas en nuestro propio mundo que son un auténtico misterio. Esta curiosidad humana la ha aprovechado siempre muy bien la ficción, y los videojuegos por extensión, durante toda su historia, imaginando cómo sería aterrizar el otro planeta, relacionarse con sus habitantes, su fauna y sus elementos. Journey to the Savage Planet nos golpea en ese punto exacto y es el debut de Typhoon Studios, una compañía canadiense que cuenta con 27 miembros con experiencia en otros proyectos triple A dentro de grandes como Ubisoft o Electronic Arts. Tenían toda nuestra atención y han conseguido que exploremos y echemos unas risas por un planeta colorido y lleno de sorpresas, tanto en solitario como en cooperativo.

En Journey to the Savage Planet nos ponemos en el pellejo de un miembro de, nada más y nada menos, la 4º mejor compañía de exploración espacial de La Tierra, Kindred Aerospace. Nuestras misión es descubrir en primera persona si el planeta en el que hemos aterrizado, AR-Y 26, es habitable para el ser humano. Ese es nuestro objetivo pero no nuestro mayor problema, porque el aterrizaje no ha sido del todo limpio, la nave no está en condiciones de volar y también otro pequeño detalle, no había presupuesto para mucho combustible y si queremos volver tendremos que encontrarlo en el nuevo planeta. Todo esto forma parte del humor del juego, el cual vemos desde el primer minuto y va a ser una constante que nos acompañe durante toda la misión. Está presente en la Inteligencia artificial de la nave, que nos va contando nuestros siguientes objetivos y haciéndonos comentarios en los que nos deja por los suelos, en los vídeos del CEO de Kindred Aerospace Martin Tweed que con una edición de TV local nos informa de cuáles son nuestras obligaciones como empleados, y otros vídeos comerciales que se reproducen en la nave y que nos van a llamar la atención por su excentricidad.

El tono del juego es una cosa que tenemos que asumir desde el principio y entrar de lleno en él para saber cómo afrontarlo. No os esperéis una ópera espacial con una narrativa profunda, un mundo abierto y decisiones que tomar. Es todo mucho más simple: estamos equipados en principio con un escáner para analizar los elementos y la fauna que vayamos encontrándonos, y una pistola para destrozar todo que previamente hemos analizado. Por lo demás el juego te invita a tirar para adelante, cumplir las misiones principales y entretenernos en explorar un poco más si nos sentimos con ganas. Y es divertido, muy divertido. Porque una cosa que hace bien el juego es que todo fluye y raras veces te vas a quedar atascado sin saber qué hacer o a dónde ir. 

 

Para facilitarnos la supervivencia y la exploración de nuestro querido, ya casi nuestra casa, planeta AR-Y 26, disponemos en la nave de una impresora 3D que puede fabricarnos una serie de elementos y mejoras con los materiales adecuados. Nos toca ir recopilando silicio, aluminio, carbono y unas células alienígenas especiales para fabricarlas y tenerlas ya siempre disponibles. Aquí es donde encontramos el componente metroidvania del juego, que se funde con el de exploración. No va ser muy frecuente ni tedioso, pero con estas nuevas mejoras vamos a poder acceder a lugares del mapa que en una primera pasada no podíamos alcanzar. No es para engorroso volver para atrás como en otros juegos, porque en Journey to the Savage Planet el mapa no es muy grande y tenemos unos santuarios que funcionan como punto de teletransporte y a los que podremos acudir fácilmente. Otro ejemplo más de que el juego no quiere entretenerte más de la cuenta ni que haya momentos muertos sin acción.

 

Tenemos que explorar, pero no se puede hacer una tortilla sin romper unos cuantos huevos. La fauna que nos encontramos puede ser inofensiva o violenta, pero ambas son igual de matables y fructíferas, porque soltarán materiales.Hay un buen número de especies que da gusto ir descubriendo y analizando, pese a que muchas sean variaciones de un mismo bicho (de fuego, hielo, con caparazón, más fuerte…). Contra volcaremos nuestra rabia y el aspecto shooter del juego, que no es lo más flojo del juego. La pistola es muy simple, aunque la podamos ir mejorando con nuestra impresora 3D, y no tenemos la sensación de un disparo potente. Simplemente sale una bola laser que si acierta en el enemigo lo mata o le quita vida. Un aspecto a mejorar del juego, que afortunadamente no se apoya en esto como piedra angular del juego. Como complemento armamentísticos nos apoyaremos en la flora del planeta, que nos abastece con semillas bomba, semillas pegajosas y otras que nos permitirán saltar sobre ellas o agarrarnos a la pared. Además de las importantísimas plantas de vida, que nos van a salvar en más de una ocasión, y el moco naranja que nos tendremos que comer para subir el máximo de nuestras estadísticas de salud.

Cuando morimos en Journey to the Savage Planet no volveremos a la última partida guardada, aparece un clon nuestro en la nave. Si volvemos al lugar donde hemos sido abatidos podremos ver nuestro cuerpo ahí tirado sin ninguna decencia y recoger un paquete con los recursos que llevábamos recolectados. Es una muestra más del humor del juego, con la IA haciendo chistes sobre lo absurdo de nuestra muerte y lo malos que somos. 

 

Exporación, backtracking, shooter y, por último, puzzles. Los rompecabezas que encontramos en el título de Typhoon Studios son muy simples, como encontrar una serie de trozos de piedra esparcidos por el escenario o enfrentarnos a un enemigo con unas mecánicas muy particulares que tenemos que descubrir. Se sienten más como mini desafíos que como puzzles en sí, teniendo como recompensa una célula alienígena necesaria para realizar una determinada mejora. Otro de los aspectos con los que el juego podría haber alcanzado cotas mucho más altas. Tam

Todo esto puede hacerse mucho más divertido si jugamos con un amigo en cooperativo. Si ambos tenéis el juego, uno tendrá que invitar al otro a su partida y ya está. Los dos estaréis en la misma partida y tendréis libertad para hacer lo que queráis. Mientras uno explora el otro puede avanzar en la misión principal, podéis compartir mejoras o enfrentaros juntos a un jefe final. Lógicamente la dificultad baja cuando juegan dos, pero lo suple ese plus de diversión. La pega es que el que ha sido invitado no podrá guardar su progreso en el juego y sólo lo hará el jugador principal. Lo mejor es comprometerse y jugar Journey to the Savage Planet de principio a fin en cooperativo si es posible, y así ir descubriendo juntos todos los secretos del planeta.

 

Artísticamente me ha parecido que AR-Y 26 desprende personalidad en cada planta, animal y río que lo compone. Colores muy vivos, varias alturas y naturaleza combinada con estructuras alien forman unos paisajes que disfrutaremos y nos detendremos a inmortalizar con el modo foto que también incorpora el juego. Lo mismo con la música, sin ser protagonista en ningún momento se establece como un fondo perfecto e incluso pegadizo, con una subida de ritmo en los enfrentamientos y un acompañamiento agradable durante la exploración. El juego viene completamente subtitulado al español con voces en inglés, y le hubiera sentado muy bien un doblaje local a la voz de la IA artificial que nos acompaña y que es prácticamente la única que habla durante el juego. Escuchar sus chistes y chascarrillos en español mientras recorremos el planeta hubiera dado un punto más de humor al título.

Una experiencia divertida, que sin llegar a ser un triple A, nos da unas horas juego puro sin una narrativa que nos exija mucha atención. Las 8-10 horas que nos puede durar la campaña principal se sienten perfectas para aquellos jugadores que no tengan tiempo en embarcarse en un título más largo y complejo o para los que quieran complementar esas sesiones de juego con algo ligero y entretenido. Su precio reducido de salida de 30€ es justo para lo que nos va a ofrecer y para situar Typhoon Studios como una compañía a seguir en el futuro.

Review
  • Lo mejor

    - Un juego que va al grano y pretende que te diviertas a cada segundo
    - El apartado artístico está muy conseguido, pese a no ser un triple A.
    - Exploración para horas después de acabar la campaña

    • Lo peor

      - Se le puede quedar corto a muchos jugadores, ya que no profundiza en ninguna de sus mecánicas.
      - Los puzzles son escasos y poco trabajados.
      - La parte shooter se siente que podía haber dado más

      • DesengrasanteTotal Score
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