Wolfenstein: Youngblood – Análisis (PS4, XBOX ONE)

El pasado 26 de julio salió al mercado Wolfenstein: Youngblood, un juego que, en referencia a su propio nombre, trata de aportar algo nuevo a la franquicia resucitada por Bethesda hace unos años con unos geniales The New Order y The New Colossus entre los que se coló The Old Blood, un juego que, como este Youngblood estaba llamado a ser una entrega menor dentro de la nueva saga de Terror Billy pero que, para nada, quedó en un segundo plano. Y probablemente esto me lleve a establecer un paralelismo con Youngblood, un juego en apariencia menor, con diferentes protagonistas y una historia menos elaborada que sus sucesores pero que, sin embargo, sabe introducir una serie de elementos en la franquicia que lo convierten en un título a tener en cuenta, y no hablo solamente del afamadísimo modo cooperativo en línea, sino de otras tantas cosas de las que iré hablando a lo largo de este análisis. Machinegames y Bethesda vuelven a la carga esta vez apoyados por Arkane (Dishonored) para traernos el último juego de Wolfenstein en PC, PS4, XBOX ONE y Nintendo Switch.

Wolfenstein: Youngblood nos lleva al año 1980 dentro de la distopía del triunfo nazi en la Segunda Guerra Mundial, han pasado más de treinta años desde que el conflicto finalizara y el orden sostenido bajo la figura de Adolf Hitler se tambalea en parte gracias a B.J. Blazkowicz y sus amigos, que consiguieron expulsar al régimen del tercer Reich de los Estados Unidos y debido también a las disensiones y síntomas de agotamiento que han llevado a la aparición de divisiones en la estructura interna del partido, que se ve acorralado en Europa.

En el papel de Jess o Soph, o si lo preferimos, en el papel de ambas ya que no nos vamos a despegar de nuestra hermana en ningún momento de la aventura, viajaremos desde Mesquite hasta Neu Paris en busca de nuestro padre desaparecido: B.J. Blazkowicz. Bajo esta premisa se desarrolla una historia mucho menos elaborada que las que viéramos en las entregas precedentes en la saga, pero, como entenderemos al final de título estamos ante un paso intermedio hacia la nueva gran aventura de B.J., y este juego no es más que un instrumento vehicular para llevarnos de la mano a esa nueva aventura, dándole un sentido y una justificación y aprovechando el camino para experimentar en lo jugable.

Pero que nadie se asuste, el que la historia sea menos elaborada no la convierte en mala, de hecho, hay algunos giros interesantes de guion y Machinegames consigue una vez y, en una sola cinemática asombrosa construir un villano a la altura de Frau Engel, sin embargo, los que venimos disfrutando del reboot de esta saga desde el día uno sabemos que el desarrollo narrativo de los títulos anteriores, muy basado en la cinemáticas de alta intensidad y en una linealidad que no deja al jugador cesar en su sorpresa está ausente en este título.

Machinegames y Arkane han creado un mundo semiabierto muy bien trabajado, que utiliza sus recursos para establecer el contexto que nos rodea a través de buenos y apetecibles coleccionables y un diseño de niveles (del que hablaré más tarde en profundidad) que solo la gente de Arkane sabe hacer, pero, como experiencia Wolfenstein para un jugador en la línea que nos tenía acostumbrados Bethesda este Youngblood no rinde al mismo nivel.

No voy a aburrirte más con la narrativa de un título de disparos en primera persona, pero consideraba importante matizar esto antes de contarte todo lo que Youngblood tiene reservado para nosotros. En primer lugar comenzaremos eligiendo con cual de las dos hermanas queremos jugar, esto tiene nula repercusión a la hora de nuestra partida, ya que ambas comparten exactamente las mismas capacidades y habilidades y no hay nada que podamos hacer con una y con la otra no, así que en un principio podremos equipar a nuestra heroína con una selección entre una serie de elecciones dicotómicas como son nuestro traje potenciador y su casco, nuestra arma base a elegir entre Machinepistole y Pistole (pronto en el juego encontraremos la otra, así que cero preocupaciones en ese sentido), un hacha o un cuchillo para los ataques cuerpo a cuerpo y a distancia con sigilo (cierto es que lo que elijamos en este punto no va a ser reversible durante la aventura, pero es algo meramente estético), seleccionaremos con que habilidad queremos comenzar el juego entre aplastamiento y ocultación y por último la señal que equiparemos de base ya sea salud o escudo y que nos permitirá, una vez acabado el tiempo de refresco, incrementar la salud o escudos tanto de nuestro personaje como de nuestro acompañante, lo que es uno de los añadidos más relevantes dentro de la jugabilidad, pero no el único.

Hecho esto nos lanzaremos a organizar nuestra partida, Wolfenstein: Youngblood es un título diseñado para ser disfrutado preferentemente por dos jugadores en cooperativo, si bien, podemos disfrutar igualmente de la aventura en solitario acompañados de la IA del juego que, aprovecho para comentar, está a un buen nivel, si bien en algunos momentos puede dejarnos más tiempo del que quisiéramos en el suelo o da preferencia a acciones que probablemente un jugador real no hiciera, así que si, a pesar de que el juego cuenta con la opción Buddy Pass con la que cualquiera puede unirse a tu partida siendo invitado por ti como jugador, decides, jugarlo en solitario se puede, aunque disfrutarás de una experiencia mucho menos satisfactoria que a dobles.

Centrémonos ahora en ese modo a dobles, porque aquí el juego nos permite todas las variantes posibles, desde iniciar una sesión pública donde cualquiera pueda unirse a nuestra partida y acompañarnos hasta una opción de partida privada mediante invitación o elegir que quienes puedan unirse sean únicamente nuestros amigos. Pero si lo que deseamos es simplemente una sesión rápida o ayudar a otros jugadores en su aventura, la selección de partida rápida es nuestra opción ya que el juego buscará automáticamente una partida en la que ubicarnos, si queremos “invadir” la partida de algún amigo podremos unirnos a su partida desde el menú de selección y ver quienes de nuestros amigos están jugando y pedirles acceso. El abanico de posibilidades para no jugar solo es muy amplio y además, el juego hace todo lo posible por emparejarnos con otros jugadores de nivel similar así que, si juegas Youngblood en solitario, es porque quieres.

El juego vuelve a situarnos en una guarida de la resistencia a forma de base, esta vez construida en las catacumbas de París, y desde allí vamos a ir hablando con los distintos personajes no jugables que nos van a ir encomendando misiones de carácter principal o secundario, de hecho, el juego basa su estructura en un formato similar a Destiny, salvando las distancias. Hablamos con un NPC en nuestro campamento, nos asigna una misión que, sea la que sea se va a basar en matar tantos nazis nos sea posible, para llegar del punto A al punto B, y desde el mapa del metro de París en este caso vamos a ir desplegándonos por distintas zonas agrupadas todas ellas en 4 secciones bien diferenciadas con un gran enemigo de zona al que derrotar.

El despliegue en cada una de estas zonas se va a producir desde la parada de Metro correspondiente, y obtener mayor número de puntos de despliegue va a depender de nuestra exploración de estos. Estas zonas cuentan cada una de ellas con una identidad propia, pasando por zonas fuertemente militarizadas, a otras más bellas y coloridas u otras completamente decadentes. Si nos centramos en hacer el 100% del juego, haciendo todas las secundarias y el end game es bien seguro que vamos a descubrir lo enormemente trabajados que están los escenarios por parte Arkane, con cantidad de caminos alternativos y zonas secretas que vamos a descubrir en el buen número de pasadas que les vamos a dar a lo largo del juego.

Aquí viene quizás el punto donde más problemas he tenido para decidir que hacer con mi crítica a este juego, porque si que es cierto que los escenarios están a un nivel brutal, pero he echado de menos algo más de variedad, en ocasiones ya al final de la partida he tenido una gran sensación de repetición en algunas partes, especialmente en el end game y esto, como los trofeos y logros del juego revelan, es un problema para un título que aspira a ser revisitado por los jugadores con asiduidad. La duda es ahora si Bethesda apoyará a este título como juego como servicio dándole algún mapa nuevo en forma de expansión o DLC, así que condiciono mi opinión a que esto se haga o no.

Algo muy positivo, es que durante las misiones Abby, nuestra acompañante a cargo de la inteligencia en la disidencia, nos puede mandar realizar acciones en tiempo real como poner un explosivo en un coche o rescatar prisioneros de puntos cercanos a los que ya estamos visitando, cosa que nos va a animar a hacer un desvío en nuestro camino para conseguir unas cuantas monedas y puntos de experiencia adicionales. Además de estas acciones, tenemos también tareas diarias, semanales y de “repetir” (no entiendo muy bien el porqué del nombre) que se van renovando y caducando con el paso de las horas.

Con este planteamiento Wolfenstein: Youngblood nos sumerge de golpe en su jugabilidad más pura, probablemente este sea el título de la saga de Bethesda que más apuesta por la acción directa ya que, aunque el sigilo sigue siendo una opción, la fórmula a dos jugadores no casa con esto y se decanta más por este planteamiento del combate y, sin duda, en Machinegames han sido muy conscientes de esto. En Youngblood tenemos un sistema de combate más en la línea de los multijugadores masivos como Anthem o Destiny en los que los enemigos tienen un nivel y en muchos casos si nuestro nivel o habilidades no llegan, vencerles va a ser imposible, y precisamente por esto, hasta jugando solo, el sigilo no es una opción, porque a lo ya mencionado se  une que los comandantes se comportan de manera un tanto distinta a lo que lo hacían en los juegos anteriores y, por otro lado el sistema de aparición de enemigos cuando somos detectados es tan caótico que cuesta poder predecir de donde nos están llegando los disparos y, frecuentemente, podemos ser rodeados con suma facilidad teniendo que salir del atolladero a tiro limpio.

Lo bueno es que la variedad de enemigos es de lo más satisfactoria, muy numerosos en tipos y clases cada uno de ellos tiene sus propios puntos débiles y fortalezas, además de contar con un nivel que determina su dureza. Pero el mejor añadido es que se ha dado a casi todas las unidades blindadas un tipo de armadura que tiene dos variantes, y, dependiendo del arma que escojamos dañaremos de forma más o menos efectiva su blindaje. Sí que es cierto que algunas unidades pueden dar la impresión de ser esponjas de balas en las dificultades más altas, pero esta decisión puede justificar en parte esta mecánica.

Y precisamente sobre la dificultad del juego quiero hacer un inciso, porque cada jugador es único con sus destrezas y debilidades y Bethesda ha puesto mucho empeño en que todos podamos jugar con todos, por eso, aunque el juego cuenta con 6 niveles de dificultad que, por cierto, pierden la nomenclatura clásica de la saga para decantarse por una clasificación que va desde ocasional hasta desafío, podemos jugar juntos con otro compañero seleccionando distintos niveles de dificultad para cada uno, por lo que los jugadores menos avezados no supondrán un lastre a la hora del matchmaking.

Dicho esto, quiero detenerme a hablar sobre las vidas compartidas, pues, aunque nuestro personaje sigue contando con valores de salud y escudo como es habitual en la saga, para este modo cooperativo se ha incluido el concepto de vida compartida, de esta forma el HUD del juego muestra en el margen derecho la imagen y el estado de nuestra hermana acompañado de tres «corazoncitos». Estas vidas en un máximo de tres son compartidas por ambos jugadores lo que promueve la solidaridad instantánea entre ambos, porque si caemos en combate podemos ser reanimados por nuestra hermana y seguir sin problemas, pero, si una de las dos cae y no es reanimada a tiempo o decide desangrarse, perderemos uno de estos corazones. Ojo aquí, no es si las dos caen, con que tan solo una de las hermanas caiga en combate perderemos una de esas vidas por lo que debemos de estar muy pendientes de nuestro compañero y no abandonarlo a su suerte, puesto que si perdemos las tres vidas nos tocará empezar desde el principio de la misión o de la zona, porque Youngblood tiene eso, no hay puntos de control más allá del comienzo de la zona.

Para llevar a cabo nuestras misiones contamos con un arsenal amplio pero poco novedoso en diseños, repitiendo la mayoría de las armas que ya conocíamos en la saga, escopetas, automáticas y ametralladoras con nombres en alemán llenan una rueda que se quedará pequeña si desarrollamos algunas habilidades de nuestro personaje que nos van a permitir portar armas tipo Hammer que, de otra forma, solo podemos equipar temporalmente y soltarlas al final de la zona, con esta mejora podremos guardarlas en nuestro inventario y usarlas a placer, un gran añadido. Sin embargo, en este juego no somos Terror Billy, y por lo tanto no podemos llevar armas a dos manos más allá de las armas que sean a una sola mano como pistolas y automáticas, pero no ametralladoras o escopetas.

El gunplay es satisfactorio en cuanto a las sensaciones que nos transmiten las distintas armas que portamos, se convierte en especialmente reseñable cuando buceamos un poco en el sistema de personalización de las armas que, a cambio de monedas, nos permiten cambiar su armazón, punto de mira, cargador, cañón, etc…, se trata de un sistema en el que hay distintas marcas y que nos premia con una bonificación en cada arma por sumar tres mejoras de las misma marca. Además, contamos con un sistema de progreso con cada arma por lo que, cuanto más usemos una en concreto mayor dominio vamos a conseguir. En total 14 armas distintas con las que equiparnos pero que, gracias a las mejoras y al apartado personalizable elevan al infinito las posibilidades en cuanto a combinaciones. lo mejor es que cada ligero cambio que hagamos a nuestra arma se nota con el mando en la mano. Quizás un punto mejorable sea la sensación de impacto de nuestros disparos ya que en Wolfenstein sigue siendo en ocasiones difícil determinar dónde estamos haciendo blanco.

En cuanto a nuestro personaje, el área personalizable es también amplia, podremos cambiar el diseño de nuestro traje potenciador y de nuestro casco en un retoque simplemente estético, lamentablemente algunos diseños solo son accesibles a través de la compra de oro con dinero real.

Con la moneda del juego podremos hacernos con un total de nueve señales de motivación que actúan a forma de Power Up que podremos ir activando tras un tiempo de recarga y que, como si de un gesto se tratara, haremos para dotarnos tanto a nuestra a hermana como a nosotros de más salud, más escudo, unos segundos de doble daño, invulnerabilidad temporal, etc…, la verdad es que son bastante variados y se convierten en un recurso muy utilizado en la partida, añadiendo un componente táctico a los enfrentamientos para determinar cual es la mejor combinación de señales y en que momento es mejor usarlos. En el modo para un solo jugador podremos determinar que señal queremos equipar a la IA pudiendo seleccionar de entre las que tengamos bloqueadas, es cierto que no todas son iguales y que las señales Cíborg 1980 y Artes marciales están por encima de las demás, pero son un añadido interesante cara al disfrute más arcade.

Además de señales de motivación, el programa nos permite comprar una serie de mejoras temporales que duplicarán nuestra capacidad del saqueo de munición, nuestra armadura y nuestra salud pudiendo ser un muy buen apoyo en algunos enfrentamientos contra los temibles Bruders.

No quiero olvidarme de una serie de enemigos de apoyo muy interesantes como el akademiker, medizenensoldat o el techniker que, a pesar de ser mucho más débiles que otras unidades contra las que nos enfrentamos deberán de ocupar un lugar prioritario en nuestra mirilla, pues son capaces de realizar reparaciones en unidades robóticas, curar salud a los soldados o reponer el escudo de otros, pudiendo ser un gran dolor de cabeza en algunas ocasiones en niveles de dificultad elevados.

Conforme vayamos cumpliendo misiones y derrotando enemigos el juego nos va a ir premiando con puntos de experiencia y niveles que nos van a permitir la compra de habilidades repartidas en tres categorías: inteligencia, músculo y poder. Con 16 mejoras en cada una, las dos primeras categorías nos van a permitir aumentar nuestra salud, nuestro escudo, nuestra capacidad de saqueo y de munición y nuestro daño con algunas armas, sin embargo, el toque diferenciador lo determina la rama de poder donde tendremos básicamente 3 habilidades: ocultación, que nos permitirá hacernos invisibles durante un tiempo; aplastamiento, para derribar y empujar a los enemigos así como realizar un ataque de área; por último, muy avanzado el juego, vamos a desbloquear la última mejora de la cual no voy a comentar nada pues merece la pena descubrirla por uno mismo. Cada una de estas habilidades de poder cuenta con 4 niveles de mejora. Lo cierto es que en una primera pasada es complicado hacerse con todas las habilidades y seguir jugando una vez acabemos la aventura es necesario si queremos ver nuestro personaje al máximo de sus posibilidades.

El apartado jugable depara algunas dinámicas interesantes como el marcado de enemigos, muy útil si se está jugando solo, pues con él podemos hacer que nuestra hermana destaque a un objetivo como prioritario. También encontramos las puertas con contraseña a distancia que exigen que ambos jugadores se coordinen para poder seguir avanzando o el componente plataformero que dota a los escenarios de una gran verticalidad gracias al salto potenciado.

He podido disfrutar el juego tanto en PS4 como en XBOX ONE y la experiencia a nivel técnico es del todo fluida, con una tasa de imágenes por segundo estables sin caídas reseñables que afecten a la jugabilidad y una carga de texturas muy mejorada con respecto a entregas anteriores de la saga. El apartado artístico sumado a lo excelso del diseño de los escenarios hace que la inmersión siga siendo tan profunda como siempre, parándote a mirar aquí y allá la propaganda nazi y los innumerables objetos que se encuentran en cada sala interior de los edificios.

El apartado sonoro consigue satisfacer durante el juego en las escenas de batalla sin llegar a brillar demasiado, cosa que, si consigue gracias a las cintas de música que vamos encontrando como coleccionables y que, como ya hiciera The New Colossus dan su particular perspectiva de que hubiera sido de la música de haber ganado la guerra el partido de esvástica. Los efectos de sonido del título acompañan perfectamente y destaca que las voces de los personajes se encuentran perfectamente niveladas con respecto al resto del juego, un detalle a tener en cuenta pues es muy común en juegos de esta casa encontrar voces con el “master” demasiado bajo cuando no toca. Perfectamente doblado y traducido al castellano para las voces en inglés, el juego conserva las voces en alemán con subtítulos en castellano, siendo estas de lo mejor de este Wolfenstein: Youngblood en el apartado sonoro.

En definitiva, Youngblood es un juego menor en la saga Wolfenstein desde que Bethesda lo relanzase, lo cierto es que es la peor experiencia para un jugador de esta saga con un importante vacío en cuando historia y narrativa, pero se atreve  a ser diferente en su jugabilidad con respecto a la mayoría del mercado de su género en la actualidad, siendo especialmente divertido en cooperativo y muy atrevido al implementar algunas fórmulas como las vidas compartidas o el guardado desde punto de control que hacen la experiencia sea un poco más desafiante. A precio reducido de lanzamiento las 20 horas que se tardan en completarlo al 100% lo hacen ser una compra muy recomendable para disfrutar con amigos gracias al Buddy Pass.

Review
  • DOBLE DIVERSIÓNTotal Score
    PUNTOS POSITIVOS

    + El sistema cooperativo abierto a todos los jugadores.
    + El diseño de los niveles está a gran nivel.
    + El concepto de vida compartida mejora mucho la experiencia cooperativa.
    + Cooperación a distintos niveles de dificultad.
    + La personalización de las armas se siente en el mando.

      PUNTOS NEGATIVOS

      - Una historia muy por debajo de la saga.
      - El sigilo pasa a un segundo plano.
      - Los escenarios son escasos en número.

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