Doom Eternal – Análisis (PS4)

El género de disparos en primera persona es, probablemente, el gran “superviviente” dentro del mundo de los videojuegos. Muchos otros estilos como las plataformas, la conducción o incluso los sandbox han vivido épocas gloriosas a las que han sucedido picos de decadencia y falta de títulos. Este no es el caso de los FPS, sí que es cierto que la séptima generación en su segunda mitad dejó un poco de lado este tipo de juegos pero nunca lo suficiente para desparecer del mapa o convertirse en un género de nicho.

Su fórmula directa, entretenida y violenta se engendra en id Software con Catacomb 3D, estos primeros pasos fueron el germen de Wolfenstein 3D, el primer gran shooter de la Historia, pero no el más recordado, tampoco el más querido, ese título lo obstenta Doom. Precisamente aquel trabajo de Carmack a “los motores” con Romero diseñando los más locos y despiadados niveles fue la gran revolución de su época. Doom es el padre de los shooter y más de dos décadas después supo recuperar las bases del género adaptándolo a las herramientas de tiempos contemporáneos. Doom (2016) fue el mejor juego de acción de aquel año, y no fue GOTY por algunas modas del momento que veían en el modo multijugador la tierra prometida y decidieron dar a Overwatch aquel título. Precisamente viendo el panorama actual da que pensar: ¿quién necesita una revolución ahora? Pero ese, es otro tema.

Aquel juego fue ya una revolución en sí mismo, rápido, frenético, divertido e intenso a partes iguales. Se hacía difícil pensar que su secuela pudiera ofrecer suficientes cambios en lo jugable y muchos (me incluyo) llegamos a pensar que este Doom Eternal era sólo una secuela lógica de un título que ofrecería buenos réditos para Bethesda e id Software. Cuánto me equivocaba. No solo se está viendo que es un éxito comercial sino que, además, da un golpe en la mesa y demuestra que la semilla de Carmack y Romero sigue viva y que Hugo Martin y su equipo han sabido mejorar y ampliar aquella experiencia en este Doom Eternal.

El ritmo en las 20 horas de campaña que tiene Doom Eternal es altísimo en todo momento, la estrategia a tiempo real con procesos y decisiones que duran una milésima de segundo están presente a cada instante que Doom Eternal pone a sus despiadados demonios en pantalla. A Doom Eternal vienes a bailar, pero, a diferencia de lo que puede parecer no vienes a danzar a lo loco. Cada paso que das está medido, tiene un por qué, sigue una táctica y requiere de toda tu concentración. Como hacía Doom (2016), Doom Eternal convierte a sus enemigos en “cajas de loot con piernas”, este movimiento ya era inteligente en su día: focalizar la atención de dos procesos como disparar y saquear en uno solo en que focalizarse sale bien y casa con el objetivo de Doom Eternal que no es otro que el de que entres en la zona.

 La zona es ese momento en el que los disparos y los movimientos del Doom Slayer ocurren en pantalla casi llevados por tu subconsciente. Cuando te focalizas en tus enemigos en Doom Eternal solo quieres una cosa, casi como si de una droga se tratara buscas con ansia y desesperación el momento en que estos se tambalean con ese brillo de “colorines” en pantalla. Lo que viene a continuación es una orgía de sangre y vísceras gracias a la que tu hipotálamo segrega las dosis de dopamina con las que te motiva a seguir. En esta entrega no solo los vamos a despedazar con nuestras manos para conseguir salud y a cercenar con nuestra motosierra en busca de munición, la armadura cobra especial protagonismo por cuenta del escupellamas.

El escupellamas es el gran añadido que hace Doom Eternal, gracias a este elemento se consigue armadura mientras vemos a nuestros enemigos arder. Este tercer factor resulta fundamental para poder progresar porque Doom Eternal ha subido su dificultad media con respecto a su antecesor. Ahora hacen falta más balas para eliminar a nuestros rivales y por lo tanto cobra más interés el tema de ir recolectando recursos de nuestros enemigos. Además, Doom Eternal ha puesto a prueba mi temple y habilidad,  no hay por qué vaciar cargadores de munición para acabar con enemigos pesados o semi-pesados. La mayoría de ellos tiene un punto débil con el que, si atinas a darle entre todo ese mare magnum de sangre y balas que son las refriegas de Doom Eternal conseguirás que se tambalee mucho antes. Sin embargo, conseguir este beneficio implica un riesgo, vas a quedar más expuesto durante el tiempo que te dedicas a apuntar con más tino. El balance lo tienes que hacer tú como jugador y ahí cada uno acatará la posibilidades que Doom Eternal ofrece adaptándolas a su estilo de juego.

De armamento no andas escaso, destaca la presencia de la súper escopeta con su gancho de carnicero con el que impulsarte hacia los enemigos, pero no es la única. Lo cierto es que Doom Eternal cuenta con más armas de las que aparecen en su rueda, me explico: cada arma tiene a su vez la posibilidad de escoger dos especializaciones distintas salvo en contadas excepciones. Esto se consigue a través de modbots repartidos por los escenarios y aquí es donde Doom Eternal consigue llegar mucho más lejos que su antecesor.

El diseño de los escenarios se presta a un plataformeo tan extremo como divertido, saltos propulsados, barras en las que engancharnos, triple dash, agarrarse a las paredes, activar interruptores e infinidad de secretos hacen que Doom Eternal sea mucho más vertical que su antecesor, ofreciendo a través de sus mejoras en forma de runas posibilidades para que cada jugador adapte su estilo a sus necesidades. Puedes optar por pegar los pies a tierra ejecutando más rápido los desmembramientos y saliendo disparado tras acometerlos o puedes contemplar la escena desde el aire mientras ralentizas el tiempo tomándote el tiempo para configurar en tu cabeza los siguientes pasos de este baile infernal.

A su enorme y sorpresivo arsenal (me guardo algunas sorpresas que no voy a comentar porque merece la pena que las descubras por ti mismo) se une la presencia de granadas de fragmentación y el añadido de las bombas de hielo. Ideales si mejoramos nuestro traje de pretor lo suficiente para conseguir buenas sumas de vida sin necesidad de recurrir a ejecuciones. Gracias a las mejoras de este traje no solamente vas a hacer más daño con tus granadas sino que además mejorarás tu capacidad de desvelar secretos del mapa o modificarás como te afectan la radiación o las explosiones.

Quiero pararme a comentar la subida de nivel que se produce gracias a los cristales de centinela pues que me parece realmente original. Gracias a estos cristales que vamos a ir encontrando a lo largo de los escenarios vamos a poder mejorar nuestra salud, escudo y munición, pero a su vez, cada una de estas mejoras tendrá vinculado el desarrollo de una habilidad especial, por ejemplo: si subimos la salud y la munición que compartan una habilidad en cuestión la puedes desbloquear y resulta que el grueso de estas habilidades se ha enfocado directamente hacia el escupellamas. Todo esto se traduce en que los cuatro factores más relevantes del juego se ven directamente afectados por estos cristales.

Además de estos elementos que sirven para mejorar al Doom Slayer tenemos las baterías de centinela. Estas baterías sirven para desbloquear algunos objetos y trajes en nuestra Fortaleza del Destino. Esta enorme nave de acabado gótico sirve de menú interactivo por el que desplazarnos entre misión y misión y, aunque puede ser algo confuso en principio, es un lugar en el que perderse ver que coleccionables como muñecos o discos hemos conseguido y en el que descubrir algún que otro secreto adicional.

Si el combate en Doom Eternal se basta por sí mismo para ser adictivo y frenético el juego ha incorporado desafíos por misiones, de especialización de armas y semanales con los que da al jugador un acicate para no acomodarse, salir de su zona de confort y probar cosas nuevas. Lo cierto es que la escasez de munición que experimentas durante la mayoría del juego ya hace que tengas que ir disponiendo de prácticamente todo el arsenal. Saber cuándo y cómo es algo que ocurre casi al final del la primera pasada por lo que hacer una segunda es obligatorio.

A la campaña se le unen otros modos de juego como los niveles maestros con los que nos enfrentamos a niveles ya conocidos pero que cuentan esta vez con más y mejores enemigos. Además, durante la exploración he ido encontrando algunos disquetes de trucos con los que hacer el cafre repitiendo algunas de la misiones en las que me quedó algún coleccionable por coger.

A toda esta propuesta para un solo jugador se une el modo Battlemode. Este recurso de multijugador asimétrico resulta ser una experiencia casi satisfactoria a todos los niveles. Un jugador encarna al Doom Slayer con todas las capacidades que ello conlleva. Enfrente tiene a dos cabronazos a los mandos de dos demonios a elegir entre Mancubus, Arch-Vile, Revenant, Elemental del Dolor y por último, el Acechador. Precisamente aquí voy a hacer un inciso para hablar de la campaña y lo grandioso que es ver como Doom Eternal incorpora a su carne de cañón un buen número de unidades y recicla con éxito y esmero demonios más pesados de otras entregas. Todo esto está muy bien, pero me quito el sombrero ante la manera en la que Doom Eternal te presenta un jefe final y dos pantallas después te lo acaba incorporando al bestiario habitual, una auténtica exhibición de como se mide el progreso en un juego.

Pero volviendo al modo Battlemode, resulta ser una experiencia divertida. Sin embargo, se siente que los demonios parten con algo de ventaja. No solo porque se te da a elegir entre un buen número de bestias bien preparadas sino porque, además, estas bestias pueden elegir entre dos perfiles distintos: uno más ofensivo y otro enfocado hacia invocación. Pero es que además, en este modo en el que quién gana tres rondas se lleva el gato al agua, por cada ronda ganada el juego premia al ganador con nuevas habilidades por ronda con las que sentenciar la partida. Como digo, resulta ser un modo divertido, sin embargo, lo descompensado de su propuesta me hace pensar que no va a ser un modo por que este Doom Eternal se aposente en muchas estanterías, pero su campaña es motivo de sobra.

En el apartado artístico y gráfico el juego cuenta con una gran y variada muestra de paisajes, no solo del infierno se vive y paisajes nevados, palacios que recuerdan a Minas Tirith del Señor de los Anillos y ciudades devastadas dan forma a un diseño de niveles exquisito que consigue moverse a PS4 estándar a 60 imágenes por segundo rocosas sacando el mayor partido del id Tech 7 y de la máquina de Sony. Id Software lo vuelve a hacer una vez más. Resalta el diseño de los demonios y las espectaculares y variadas animaciones de desmembramientos que salpican la pantalla de la televisión. Es impresionante como las tiras de piel de los demonios se van resquebrajando con cada disparo, dándote a ti como jugador el feedback que necesitas para preveer si el siguiente disparo va a ser el que provoque el ansiado tambaleo.

Además, su apartado sonoro destaca todo el buen trabajo que se ha hecho en lo visual. De la banda sonora de Mick Gordon poco voy a comentar: es sublime. Pero me gustaría pararme a mencionar lo bien trabajados que están los efectos sonoros. Obvio aquí los disparos y rugidos de nuestros rivales que son portentosos y quiero centrarme en hablar de HUD. En un juego como este apenas tienes tiempo de mirar la pantalla para ver cuanta vida o escudo te queda, y precisamente es por esto que esos pequeños y casi imperceptibles sonidos que emiten estos marcadores del escupellamas o el combustible de nuestra motosierra cuando se llenan cobran especial sentido en este juego. Cuando los interiorizas te dan la información que necesitas, marcándote el momento justo para abalanzarte sobre tu enemigo y acabar con su miserable vida. Creo que es un punto en el que no se repara demasiado y es merecido que se reconozca este trabajo como es merecido que se reconozca el trabajo que hace Bethesda por traernos sus títulos completamente traducidos al castellano en textos y voces y en este punto Doom Eternal no se queda atrás.

No quiero finalizar el análisis sin mencionar que esta entrega de Doom se esfuerza como ninguna otra en darle un contexto a lo que ocurre en pantalla dando a nuestro Marine un trasfondo del que hasta ahora carecía. Es algo opcional, se basa en  entradas de códice y prácticamente no interfiere en lo importante de Doom Eternal que es su jugabilidad pero aquellos que estén interesados encontrarán un agradable lore con el que entretenerse un tiempo.

Poco más me queda por añadir a este análisis más allá de decir que si aún no has jugado Doom Eternal lo hagas. Es probablemente el mejor shooter de esta generación, un espectáculo de principio a fin que sabe coger las bases de su género y establecer nuevos paradigmas que hacen pensar en que el futuro de Doom no solo es eterno, sino que además es glorioso.

Review
  • GLORY DOOMTotal Score
    PUNTOS POSITIVOS

    + El añadido del escupellamas da una capa más de profundidad táctica.
    + Enorme sensación de progreso del Doom Slayer.
    + El diseño de niveles es sublime.
    + El apartado sonoro está milimetrado para dar al jugador lo que necesita.
    + Las entradas del códice darán respuestas a aquellos que las necesitaran.
    + Los puntos débiles en demonios pesados son el balance perfecto de riesgo-recompensa.

      PUNTOS NEGATIVOS

      - El modo Battlemode se siente algo descompensado a favor de los demonios.
      - Pocos niveles maestros de momento.

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